Lloré con toda la rabia y la impotencia que uno pueda acumular. Frustrada y dolida al mismo tiempo, sentí que mi cabeza y el corazón estallaron al mismo tiempo. Pero no era precisamente esa la forma en la que deseaba unirlos.
Entonces, recordé que no puedo manejar las cosas a mi antojo. Y que lo incontrolable no implica desorden ni caos, mucho menos tragedia. Dirijo mis acciones, puedo ser conciente de ellas, pero los resultados se ven atravezados por el accionar de personas y por distintas circunstancias. Y eso, en verdad, es el equilibrio. Aunque sea difícil de asimilar para un cerebro tan estructurado.
viernes 27 de marzo de 2009
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2 derivaron e integraron:
La eterna batalla entre corazon y cabeza. Que dificil es que anden a la par pues siempre hay uno q domina a otro. Sin embargo es esa batalla una de las mas esenciales en la vida. Abrazos!
Manejar todo, o querer hacerlo no es muy sano.
El sentir es, creo, inmanejable, lo que si podés hacer es no dejar que te hagan aquello que no te gusta.
Beso.
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